domingo, 11 de septiembre de 2011

LA TRAGEDIA


Tocó la muerte a fuego

y un viento de dolor

buscó con llamaradas

el ocaso.

Salió la muerte al aire

y los caballos corrieron ciegamente

los caminos.

Buscó la sangre el pecho

y solamente el corazón

de un abedul ennegrecido.

Morir lejos del cielo

y de la luz,

morir buscando el centro

del espanto,

como una semilla

de otras muertes.

Morir bajo la piedra

y en la noche

es demasiado

para una sola muerte.


Subió la sangre al monte


y en los pozos

un grito pedernal

quedó extendido.

EL MONTE


El monte no sabía

que por sus venas

caminaban los hombres

a mordiscos.

El monte no lloraba

si en su pecho

nacían gritos de aliento

destrozado.
No podía comprender que de sus huesos
salieran las hogueraso el caballo

que habita nuestras máquinas.

El monte no sabía.

Por eso estaba siempre

como un perro
allí tendido.

No sabía que existen hombres

conducidos a ser roca
y morirse
bien plantados.

NACIMIENTO


Por un grito lo supo hasta

la tierra. Hasta el carbón

llegó a saberlo por aquella

semejanza de alarido.

Nació para el cansancio

y para el miedo,

nació para la ira

y las pisadas.

Un hombre para ser

conductor de árboles muertos.

Habitante de la noche

y de la ausencia.

Nació para ser río

entre montañas

y camino que se ensaya

sin que pueda

llegar nunca

a ser sendero.

Por un grito lo supo

hasta la tierra. Por un

grito.

LOS ROSALES

El rosal no sabe nada

de la sangre.

El rosal no sabe nada.

El viento roba verde

y la pared

le presta sombra


a su tristeza.


El rosal no sabe nada,


pero la tierra le envía siempre


un negro corazón


por las raíces.


Una muerte a plazo fijo.


La tierra y el rosal


son una vida

como un juego de venganzas.

El rosal no sabe nada

LA CASA


No son piedras solamente

ni son troncos. Levantada

con paredes de penumbra

estremecida.

La mantienen los abrazos

maternales

y la lenta sucesión

de risa y lágrimas.

Una escala de espigas

y de rosas

parecidas a la sangre.

No son piedras solamente,

porque muertos

como enebros solitarios

la levantan.

Para hacemos más visibles

la alegría

y el pan nuevo, corazón

de tierras agrias,

un fuego muy central

y los perfiles acerados

de las lámparas.

LA CRUZ


La cruz dice que ha muerto

un hombre a pleno sol

de la espesura.

No puede ser minero

el que se muere


con golpes de aire claro


entre los párpados.


No puede ser minero


este silencio,


esta tristeza alzada


entre las flores.


No puede ser minero

este desprecio.

La cruz dice que ha muerto

un hombre sin camino,

cuando se alzan los sueños

de los gallos. Cuando

espera desangrada

la mañana.

Aquí ocurren las penas

hacia adentro. Y el morir

no puede ser para nosotros

tan humano.

LOS CABALLOS


Cuando el sol se nos regresa

de su huída

volvemos por el río

con los caballos.

Cuando está la tarde apenas


encendida, los traemos


para que también el aire


pueda verlos.

Para que puedan nuestras voces

encontrarlos.

Altivos como un viento


cincelado,


como arenas de verdad


entre los dedos.


El negro no les duele


ni los carros


que se llenan de cansancio.


Los caballos de la mina

nos esperan

cuando el sol pierde la tarde


en los sembrados.